Feb 03


Hacía un tiempo que no me compraba discos de Medeski, Martin y Wood. Aunque las críticas de sus discos de la época Blue Note les ponían por las nubes, a mi no terminaron de llegarme aquellos discos. Demasiado abstractos y para mi gusto un tanto repetitivos. Con “Out Louder”, acompañados por John Scofield y bajo el sello Indirecto Records (???), han conseguido que me reconcilie con ellos (aunque bien sé que los chicos les preocupa poco, pero en fin). Creo que con este disco recuperan la frescura de sus primeras entregas.

Medeski: gadgeto-maestro total, quizás heredero de la galaxia Sun Ra, se sale en este disco, sobrevolando el infalible groove de Billy Martin en la batería. Scofield pasándoselo en grande y mostrando su enorme variedad de registros. Chris Wood poniendo el pegamento con su bajo siempre discreto a la par que elegante. ¿ Para cuándo un disco de Tom Waits acompañado por estos fieras ?. Eso, además de dejarnos un gran disco, terminaría de lanzar a Medeski, Martin y Wood dentro del mundo del estrellato, ellos que casi han traspasado las fronteras del ghetto del jazz durante varios años y han rozado con los dedos la mermelada del éxito entre huestes más o menos juveniles…. Y eso haciendo una música sin concesiones, que si no.

Temazos como Tequila and Chocolate con una introducción “agitanada” que desemboca en una bossa-nova de carácter ferial. O Little Walter Rides Again (composición de Scofield), puro toque. Tootie Ma Is a Big Fine Thing, más en la línea del mítico Jimmy Smith. También está Julia (de Lenon y Mc Cartney), balada deliciosa que podría servir perfectmante para acompañar la entrada de la novia, ramo en mano, por el pasillo de la basílica …. o “Legalize it”, de Peter Tosh, que pondrá a bailar hasta los pellillos de tus canillas. También esta Cachaça, tema de corte latino que recuerda a las colaboraciones de Medeski con la gloriosa reina peruana, Susana Baca.

Un gran disco del trío, bueno, en esta ocasión cuarteto.

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Jan 28


Tal vez Randy Newman pase a la historia de la música como de puntillas, más por el hecho de ser el compositor de la banda sonora de Toy Story o Monsters S.A., que por su carrera individual, a pesar de las elogiosas críticas que casi siempre recibieron sus discos. Pero el estilo de Newman es tan personal que cuando escuches casualmente alguno de sus temas exclamarás:

Yes, es Randy Newman.

Bueno. Si no le conoces dirás:

Yes, es el de Toy Story.

Igual que Danny Elfman, el compositor de la música de los Simpson. ¿ Cuánta gente sabe que Elfman fue componente de un potentísimo grupo llamado Oingo Boingo, que publicó algo más de media docena de nutritivos discos en los años 80 y 90, o que es el compositor de un sinnúmero de bandas sonoras de películas de relumbrón ?.

El cine ha resultado un imán para muchos músicos que han terminado dedicándose a fondo a las bandas sonoras, dejando de lado su carrera individual. En ocasiones el cine ha sido una buena vía de escape para la supervivencia, ante la falta de respuesta por parte del público. En el caso de Randy Newman es una verdadera pena de talento desaprovechado, aún sin desmerecer sus trabajos para el cine.

“Harps & Angels” es el primer trabajo en solitario de Randy Newman desde “Bad Love” que data de 1999. Un hiato de 9 años. Algo sorprendente es que la banda de la que se acompaña es exactamente la misma:

Greg Cohen al bajo (que ha tocado con Tom Waits, John Zorn y un interminable etcétera de grandes músicos).
Stev Donnely: guitarra.
Pete Thomas: batería (sí el de los míticos Attractions de Elvis Costello)
Greg Leisz: pedal steel y slide acústico (uno de los grandes virtuosos).
Mitchell Froom: teclados y producción junto a Lenny Waronker, su mentor allá a finales de los 60.

En ambos se ayuda de orquestaciones propias, como casi siempre ha hecho en su carrera.

Su discografía cuenta con joyas como “Good old boys”, un disco dedicado al Sur y sus personajes, lleno de ironía.

Harps & Angels es una delicia. El estilo inconfundible de Randy Newman basado en el Blues, Nueva Orleans, el folk y el rock, es decir , profundamente anclado en las raices americanas, junto a sus letras irónicas, hilarantes en ocasiones y políticamente incorrectísimas, hacen de la escucha de sus discos una diversión y un disfrute imprescindible.

El disco cuenta con el tema que le da título un blues “a la Newman” realmente divertido, así como “Korean Parents” (Padres Coreanos) … un producto de satisfacción garantizada para los padres americanos, se acabaron los problemas académicos por la vía de la disciplina. También destaca “Potholes”, que nos habla de esos fantásticos agujeros de la memoria que nos permiten seguir sobreviviendo (me encanta la frase esa de: “tengo mis dudas acerca de la ética del llamado sexo-débil … ¿ débil en qué ?”).

En fin, un disco feliz.

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Jan 27


Uno de los últimos discos de John Zorn, y digo uno de los últimos porque es muy arriesgado decir el último cuando de John Zorn se habla, teniendo en cuenta que viene publicando cuatro o cinco discos al año. Yo creo que es un caso único en los tiempos que corren.

Hace años que John Zorn dejó la interpretación en un segundo plano, y es una pena. Se echan de menos sus alaridos y locuras con el saxo alto. Ahora se dedica primordialmente a la composición.

En O’o nos presenta el trabajo más naïve que yo le haya escuchado. El disco continua en la línea iniciada con “The dreamers” y cuenta con la misma banda de superlujo:

Marc Ribot, guitarra.
Jamie Saft, piano y órgano.
Kenny Wollesen, vibráfono.
Trevor Dunn, bajo.
Joey Baron, batería.
Cyro Baptista, percusión.

Viejos colaboradores de mil batallas, músicos exquisitos y estelares, que tocan juntos como quien respira, pasándose el testigo de solo en solo. Suenan como los ángeles. 12 temas ultraligeros que te piden ser escuchados una y otra vez. La batería de Joey Baron como siempre tan exhuberante, me encanta este batería, con el la música parece ser llevada en volandas. La guitarra rockera, ora arisca, ora suave como pañuelo de seda, de Marc Ribot (vaya crack es este hombre). El trabajo de Saft con el órgano. Las melodías de Wollesen al vibráfono, un instrumento que tiende a convertir la música en una cosa melosa, pero que en el contexto de este formato da mucha viveza a los temas. Jazz, melodías judías en la línea de Masada, aromas surferos …. una delicia.

Además el disco tiene una portada setentera, muy al estilo psicodélico que se llevó entonces y cuenta con un librillo de unas 30 páginas con ilustraciones de pajarillos, a modo de colección ornitológica, hecha con mucha gracia y elegancia.

Uno de los mejores discos que me he comprado recientemente y que os recomiendo con fervor. Incluso para los que no conocen a John Zorn, o no son aficionados al jazz o las músicas instrumentales.Es apto para todos los públicos.

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Apr 20

John Lurie se despidió de la música, creo, con este discazo imprescindible. Una penita. Ahí quedan sus fantásticas grabaciones con Lounge Lizards, aquel grupo irrepetible por el que pasaron muchos de los más renombrados músicos del Dowtown neoyorquino de los 90: Marc Ribot, Curtis Fowlkes, Calvin Weston, Steven Bernstein, Arto Lindsay, Roy Nathanson, etc. La gloriosa época de la Knitting Factory (http://www.knittingfactory.com) ubicada en el 74 de Leonard Street y que tuve el placer de visitar varias ocasiones durante un solitario periplo de un par de semanas por la Gran Manzana con alojamiento en el costroso YMCA próximo a la ONU y que está documentado por Mac Pato en el montaje sonoro NIU YOR (http://www.macpato.com/new-york-mix.m4a).

La página web de John Lurie (http://www.strangeandbeautiful.com) nos informa de sus actividades, aparentemente reducidas, a día de hoy, a la producción pictórica (http://www.johnlurieart.com/art/).

Con The Legendary Marvin Pontiac Greatest Hits, John Lurie nos dijo adiós como músico, al menos en lo que a grabaciones discográficas respecta. El disco contiene catorce temas originales y espectaculares, sin fisuras, en los que John Lurie prescinde del saxo y explora sus capacidades vocales, con la harmónica y la guitarra. Se acompaña de viejos colegas, muchos de ellos con existosas carreras dentro del ambiente del jazz, o del off-jazz, como Medeski o Marc Ribot, Billy Martin o Steven Bernstein. El disco recuerda a la banda sonora de Down by Law, de Jim Jarmusch, compuesta por Lurie, que además participaba como actor junto a Tom Waits y un por entonces poco conocido Roberto Benigni que luego alcanzaría la fama con La Vita e Bella. Down By Law era un anticipo de los grandes éxitos de Marvin Pontiac, en los que plasmaría aquellos viejos bocetos en forma de canciones “más al uso”, siempre conservando ese estilo propio de líneas angulosas y obsesivas, llenas de sentido del humor, como las letras del presente disco.

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