Jan 20

Superviviente de varias mudanzas y olvidos, reaparece sin ser llamado en cualquier cajón. Les presento mi equipo de chapas que jugó su último partido hace unos 30 años.

La selección Argentina de la era Kempes, que ganó el Mundial del 78 a la mítica Holanda de Cruyff y Neskens (la Naranja Mecánica, llamaban a aquella selección), con goles de Kempes 2 y Bertoni 1 más algún que otro empujoncillo arbitral todo sea dicho. En aquél entonces yo era un argentinófilo de tomo y lomo y recuerdo asistir a la final a través de la televisión en la soledad de ser el único de mis hermanos que quería que ganara Argentina, estaban todos enamorados de los naranjas. Por supuesto yo no observé ninguna ayuda de los árbitros. El amor es ciego ya se sabe. (por cierto eso de la argetinofilia yo creo que me venía del programa aquél inolvidable que se llamaba “Trescientos Millones” …).

Pero a lo que íbamos: El equipo de campeones. Las dos imágenes son ampliables haciendo click sobre ellas. En la de la izquierda (estan bailados los nombre de las imágenes, pero no me apetece cambiarlos), aparecen las chapas boca arriba y en la de la izquierda las chapas boca abajo. Esta última imagen no pretende ser publicidad sino una muestra de los kilómetros recorridos por esas chapas. Muchos mundiales corren por su metal … Lógicamente se puede observar rápidamente cuáles eran las chapas titulares. En la imagen de la izquierda, si se amplía, se pueden leer los nombres de los componentes del equipo. En la fila superior los porteros (Fillol y creo recordar que Gatti). Para los porteros utilizábamos chapas de botellas de litro, Fillol era de Pepsi y el otro portero de Coca-Cola. Estas chapas se rellenaban de plastelina y a ser posible se mezclaban con perdigones para fueran más resistentes al impacto del garbanzo que hacía las veces de balón. El garbanzo debía conservar el piquito para que no rodara en exceso y no ser excesivamente redondo, debía resbalar más que rodar, para que el partido no se convertiera en una sucesión de fueras de banda. Los porteros se ponían verticales y se podían mover por el área antes de que el contrincante tirase. Además los porteros no podían muy redondeados para que no salieran rodando ante cualquier contacto. Normalmente se achataba su circunferencia por la parte de abajo. Si nos fijamos en la chapa de Fillol su figura es levemente trapezoidal, lo que constituía un orgullo para mi.

La chapa más a la derecha de la segunda fila corresponde a Kempes, pero ha desaparecido la camiseta… En la tercera fila aparece Maradona que creo recordar fue posterior a aquél mundial. Se le podría considerar fichaje posterior. La chapa perteneció antes a otro jugador (no sé si Luque). Mis chapas más apreciadas eran la de Kempes, Maradona y Bertoni. Estas dos últimas me las regaló un colega de clase. Eran chapas que no habían sido embotelladas y procedían de una excursión a la fábrica de Cervezas El Águila que organizó el colegio y a la que yo no pude ir. Eran perfectas para elevar el balon por encima de la barrera y clavarla por la escuadra. No tenían marca de abrebotellas y la inclinación regular de su borde las hacía letales. Como quiera que para los lanzamientos elevados se daba la vuelta a la chapa y se ponía boca abajo, el borde de las chapas de los delanteros se abría lévemente con alicates hasta conseguir un buén ángulo de elevación del garbanzo. Por tanto pisar la chapa de otro podía terminar en trifulca extradeportiva.

Para los defensas utilizábamos chapas más pesadas como por ejemplo las de leche u horchata que por entonces venía con un corcho y una chapita de aluminio, supongo que para sellar bien las botellas. Los defensa no se trabajaban normalmente con los alicates. Era preferible que no perdieran altura para dificultar los tiros parabólicos de los delanteros. La pega es que era más fácil que el garbanzo cayera dentro de la chapa lo que significaba “mano y tarjeta”. Otra infracción era la falta. Ésta ocurría cuando tu chapa chocaba con otra del contrincante antes de tocar el garbanzo. Si además la chapa de tu rival quedaba boca abajo era falta alevosa, que lógicamente conllevaba tarjeta. Las chapas se lanzaban desde donde hubieran quedado en tu movimiento anterior, salvo que se parara el juego (por mano, corner, fuera de banda o saque de gol). Entonces podías colocar todas las chapas según quisieras. Se efectuaba un tiro alternativamente. Si el portero abandonaba el área se consideraba que era un jugador más, así que no se podía mover antes del tiro del rival hasta que no regresara al área. Ademas mientras estuviera fuera de aquella debía reposar de forma horizonal.

Para el campo se solían utilizar suelos lo más lisos posibles y si se podía se dibujaba con rotulador o tiza los límites del campo, asi como las áreas y el círculo central: las porterías requerían más ingenio. Nosotros al principio las hicimos con piezas del Exin Castillos,eran muy cuadradotas y rebotaban mucho. Finalmente mi hermano Juan, amante del bricolaje y gran manitas, creó unas porterías geniales. Para ello utilizó unos listoncillos que componían la puerta de entrada a la buhardilla de casa, que quedó “desdentada” desde entonces, (”nunca nadie supo explicar a nuestros padres qué pudiera haber ocurrido con la con la pobre puerta”) . Con los listoncillos montó los postes, el larguero y por la parte de abajo hizo una suerte de bastidor donde anclar dos alambres delicadamente moldeados en forma de cuarto de luna y sobre los que pegó unas gasas a modo de red. Hizo dos pares, creo, de aquellas maravillas que duraron años y años. Eran preciosas, de verdad.

En la confección y diseño de las camisetas también echábamos nuestro tiempo. Primero se dibujaban las circunferencias con compás en un papel en blanco. Se rellenaba con los colores del equipo, camiseta y pantalón, y se ponía el número y el nombre con cuidada caligrafía. Luego se recortaba cada una de las camisetas y se pegaba celo para que brillaran, duraran más y las chapas fueran un poco más pesadas. Finalmente se pegaban con pegamento al fondo de la chapa y a jugar. Mi primo Luis (Atletic de Bilbao), siempre fue un maestro haciendo las camisetas. También los había más chapucillas que recortaban el papel con la chapa … y lo dejaban empotrado. Eso era más de jugadores invitados, que pasaban por ahí e improvisaban su equipillo.

Luego estaban las técnicas de lanzamiento.

La técnica del dedo medio. Esta técnica es claramente de principantes. La única ventaja que ofrecía era la potencia. Pero potencia descontrolada. Si ejecutabas el lanzamiento por impato te hacías polvo la úña y si lo hacías por empuje la chapa resbalaba por el dedo en dirección imprevisible. Esta técnica podía ser útil en ciclismo si el circuito tenía bordes altos (en el caso de circuitos en arena) o si era ancho (circuitos urbanos).

La técnica del dedo índice era la adecuada para el fútbol. Se utilizaba más por empuje. En mis buenos tiempos podía acertar con relativa facilidad a un garbanzo situado a un par de metros de distancia. Y no es coña. ¡ Qué subidas por la banda de Tarantini !

También hicimos vueltas ciclistas, tenis, baloncesto, etc. pero nunca se consiguió el mismo realismo.

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Jan 18

Siempre detesté a The Queen. Por su estética, por su gigantismo operístico, por viejos rockeros … en fin, yo era de la Nueva Ola y claro, todo lo anterior no valía una “hipoteca”, si me perdonan la alusión temporal ….

El caso es que los Reyes Magos, adivininando mi deseo de enganchar a mis hijos a la música, ya fuera por “We will rock you” o “Another one bites the dust”, me trajeron el disco “Queen: Absolute Greatest”, un recopilatorio de 20 canciones del grupo The Queen que directamente aparqué en la estantería hasta que las orejas de mis infantes anduvieran a tiro para enchufarlo a todo volumen … y de paso salir de la habitación.

Ayer me puse a escuchar el disco, porque al fin y al cabo de peque no me gustaba la lechuga o el tomate, y por si había crecido de nuevo, que ya son ganas de crecer conduciendo un Chevrolet de 45 pistonudos tacos, y descubrí que sin haber vuelto a crecer, a Dios gracias, al menos tuve mi pequeña reconciliación reinona, principalmente con con Freddy Mercurio (el detestable acompañante de la Caballé allá por el 92 de Barceloooona – detesto la ópera también … y 1 + 1 en este caso suman 0).

Pero …. escuché el disco entero. Conocía prácticamente todas las canciones, ¿ y quién no conoce el sonido de un misil en Kabul ?. Queen, la Banda Sonora soñada, sonada y asonada hasta la úlcera por repetición. The Queen ….. Deben ser maravillosos pero a mi me resultan como cierto restaurante chino, con puentecito recoleto de entrada sobre súbito estanque de pececillos con cara de esperar su hora, y que da paso al gran catafalco, trono o morada del Dragón de las Tres Delicias, todo rojos y dorados con servilletas de papel perfectamente ajedrezadas en azul celeste y blanco rugoso-higiénico y con cada uno de sus cuadraditos no mayores que la mayor porción de animalillo ya sea agridulce o en salsa de soja que te sirven. Un derroche rococó, vamos.

Y llegué al final del disco de Grandes Éxitos, de los Queeen para más INRI, y en el tema 17 me paré, y lo puse varias veces.

“Somebody to Love”. Con mis cascos de jefe de obra en Alaska (por tamaño, quiero decir), a la vieja usanza, dado que detesto, esta vez por daño físico, esos pequeños auriculares que se empotra el personal a modo de supositorios timpánicos, y que a mi me producen tal malestar que ni siquiera en vuelos transatlánticos uso para ver la peli que ponen para que olvides que te vas a estampar en cualquier momento contra el planeta del que nunca debiste despegar tus pies … Que sí, que vale, que uno es de la era de Mortadelo y Filemón, de acuerdo.

Como iba diciendo en alguna parte de este texto, de cuyo contenido no quiero acordarme, me paré en “Someboy To Love”, canción número 17 del disoc.

Si pillo este tema en mi adolescencia … mi enamoramiento de aquella chavala, ese enamoramiento que me volvió mohíno y quejicoso, y me produjo tuberculosis afectiva, e hizo que olvidara que yo podía ser campeón del mundo de fútbol-chapas (aún conservo mi equipo de chapas de aquél entonces, la selección argentina de Kempes, Tarantini, etc…) y me convirtiera en oyente pasivo de los Bee Gees, John Denver o Supertramp. Bueno, al final me quedé con Moris, el rockero argentino ese que hablaba de Bravo Muriiillo …. hasta el fin, pero sólo porque mi amor platónico se fugó al planeta Platón con el malo de la peli a un apestoso lugar donde los Bee Gees, Supertram y John Denver tocaban gratis para enamorados.

Y decía en el párrafo anterior …. que si pillo este tema en mi adolescencia, mi cretinismo supremo se hubier podido titular “En Busca de la Nerurona Perdida”.

Centrándonos un poco en el tema que nos atañe, por ejemplo el tema número 17 del disco recopilatorio de los Queen de título Absolute Greatest, recientemente publicado, descubro que me estoy mareando porque no sé muy bien de qué iba este artículo y empiezo a sentir el conocido “síndrome de la parte contratante de la primera parte”, más conocido en España como el “síndrome de la empanadilla de Móstoles”. La ciudad de Móstoles, leñe, no el petrolero. Me permito ahora adjuntaros el viejo refrán que dice:

El tiempo corre una barbaridad
y lo que antes fue pueblo, ahora (por hoy) es ciudad

¡ Cuanta verdad !.

Pues en el minuto 1:35 de “Somebody To Love” me reconcilié con Freddy Mercury y con los Queen. Ese fraseado arrastrado, increiblemente feliz, dos o tres compases maravilllosos que para mi encumbran a este tipo al que veré siempre con otras orejas …. Gracias amigo Mercurio. Me bastaría no dos, sino un solo compás de esa pasión ….

Aunque siga sin ir a ese restaurante chino, ¡ que quede bien claro !

;-)

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Dec 21

Corte Inglés, víspera de Navidad. El Corte repleto de feligreses hasta las ingles . En la cola con mi modesto carro del día a día (leche, p bimbo, Estrella baño & wc, etc) , irrisorio en comparación con los cargamentos que me circundan. Montañas de turrón, palés de Coca-Cola que se cimbrean peligrosamente sobre cajeras y compradores del montón, pero a montón. Estoy a la cola de la cola que creo más corta y repaso la cuartilla de deberes: lechuga … cervezas … atún …. cervezas …. cervezas más o menos SIN … boniatos … cervezas por si viene el vecino sin cervezas y por si trae amigos …, lo típico, va.

La cola está compuesta por el siguiente contingente:

En cabeza va un pedido que prometía estar prácticamente cursado, pero, vaya usted a saber por qué, obliga a la cajera a desplazarse unas quince veces desde su puesto de mando a los más recónditos escondrijos del supermercado con motivo de unas peras que no han sidos pesadas, por lo tanto no tienen precio; una botella de ginebra blindada que obliga al colega de la compañia de seguridad a personarse con los alicates, una bolsa de arroz que se derrama por el mostrador y una caja de galletas Oreo semidevorada.

En segundo lugar va un argentino que, cortesmente, se ha colado a una pareja madura de pardillos porque sólo quiere un producto. LLeva sólo una bolsita de té de Camboya. Le indigna, y así se lo explica a los pardillos. Que sólo en el Corte Inglés haya podido encontrar el preciado producto. Y concluye, claro: ¡ Como si aquí se diera esta variedad ¡ ¡ Qué país ! ¡ Fácil que sea costo de Afganistán !.

Mientras tanto los pardillos escuchan y caen en la cuenta de lo pardillos que son.

En tercer lugar van los pardillos maduritos, hasta hace poco segundos en el ranking, antes del desembarco argentino-camboyano, pero muy conscientes ya de que el costo de la vida crece por momentos a medida que la cajera baila por el super y las galletas mordidas derraman whisky por todo el desastroso país y con todas sus variedades no autóctonas. Y además con testigos por detrás …. como por ejemplo ….

Cuarto voy yo.

- ¡ Ay, pues sí que llevas el carro lleno ! – sugiere una voz de mujer detrás de mi.

“Sonamos”, como decía Mafalda. Primero miro su cesta rodante. Luego la miro a ella. Un gran pollo de corral y un par de viandas más, concluyo.

Sí, es una pelma. No cabe duda. Trae poca compra así que será mejor que pase cuanto antes. Prefiero cualquier humillación antes que sufrir sus bufidos contra el mundo.

- Pase usted primero que lleva cuatro cosas. – le digo en plan caballero de la mesa de los cabezabuque.

- ¡ Ay, gracias, chico ! – y me rebasa, feliz de consumar su plan habitual, el plan habichuela, a vé chicuela. Repite unas siete veces seguidas el muchas gracias mientras caigo en la cuenta de lo pardillo que soy.

Ahora yo soy el quinto en la cola y ella la cuarta. Los pardillos de la tercera posición se sonríen. Ahora el último de los últimos soy yo.

Al menos, creo haber comprado el silencio de la mujer presurosa. Pero resulta que no. No bien alcanzado el cuarto puesto se revuelve y me espeta:

- Mi marido está en el coche con espalditis proteica, ni moverse puede, le tengo ahí en el parking, esperándome, y a pesar de la rehabiltacíón terminará en silla de ruedas. Seguro. Tiene una pierna más cerca de la oreja, que la oreja de la pierna.

Cabeceo comprensivo. A la izquierda hay una caja con una cola más corta pero seguro que es el carril de los tontos. Así que aguanto. Aún así, hago un vago amago hacia la cola sospechosamente vacía, por si cuela, pero la tronca del marido de la pata retorcida, se lo toma por halago:

- Con la nevada hoy casi ni podemos salir de la finca. Muchitantas hectáreas tiene. Nueve km de perímetro con una sola salida dificultosamente expedita, gracias al todoterreno de mi marido, que aún sin poder moverse, se mueve como pez el agua si vienen mal dadas y en el Escorial, no vaya usted a saber el frío, con los corzos rampando y un servicio que ni existe porque vendió el coche para pagar la hipoteca.

- ¡ Vaaaaaya ¡ –

Tengo un telefono movil. Nunca lo uso la verdad. Siempre está fuera de “cobertura eléctrica”. Por la función que desempeña parece más un cenicero o un cuchillo de postre. No tiene politonos, ni chistes, ni videojuegos. Lo más que tiene es tarifa … la tecnología que entendemos todos. Pero es el momento de hacer uso de él.

Ante la amenaza de convertirme en un corzo 4×4 rampando por el Escorial con un carrito de la compra nevado de grifa Afganokosovar decido llamar a mis familares más allegados, algunos de los cuales yacen lustros ha en el justo descanso de los que no pernoctan en las colas de El Corte Inglés a medida que el ranking migratorio de las aves de presa de corral elude la imanación del cenorrio navideño con perjuicio de sus huesitos y hablo lo que nunca hablo para que la señá afincada, para más señas, en tamaño perímetro de la pata doblá me deje de dar la brasa y finalmentre pueda apropincuar mi tarjetita del Corte, y luego pagar el Parking y volver al día de nieve, que nieve, de Madrid en 2009.

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Apr 15

Estamos de enhorabuena en www.macpato.com. Después de titánicos esfuerzos de marketing y alta en buscadores hemos alcanzado la nada desdeñable cifra de 1 visitante y medio al día. (Ese medio visitante al día nos llena de cierto estupor, no crean, lo ha de pasar muy mal el hombre, así demediado.) . El caso es que en menos de un año hemos pasado de las farragosas visitas de nuestro errático webmaster a un espectacular y sublime visitante y medio.

Para los que nos dedicamos a esto del desarrollo web resulta gracioso cuando le pones en marcha un sitio a un cliente y hay algo que falla (siempre ocurre … ¡ es la caña !). Inmediatamente recibes la llamada del susodicho cliente (su tono y talante le permitirían prescindir sin problemas del teléfono …) para ponerte la cara colorá y las orejas con hemorragia.

En este lado del teléfono yo expongo mis disculpas:

- DJA=((”·=))(DADS=D)(*oder

- Sí, pero ……….

- )(A(SD/!”¿RKFAFD¿eche

- Ya, en unos segundos …

- )(AS)CUG)A/ASTD&&$ASDerda

- Independientemente de eso …

- avd098asdvjnn0asdvHijodeACPOMK

- A sus órdenes.

- Pi Pi Pi Pi Pi

Acto seguido le envías un email con la dirección de acceso y el password a sus estadísticas. Nunca pensaste dárselo para no herir su ego al constatar que sólo tiene dos visitantes al mes: él y yo. Uno (yo) hace visitas cortas, lo más cortas que puede. El otro (el) hace largas visitas por su website, como el que pasea por sus dominios en busca de motas de polvo que su siervo no ha barrido. Después de este encontronazo iniciático la relación vuelve a su cauce y se abre una nueva línea de negocio para mi, el alta en buscadores y bla, bla, bla.

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