Apr 15

Abrió la puerta y se lo solté sin más.

“Tu PageRank en Google ha caido como una bola de plomo en el sol.”

Quiso decir algo pero se desplomó. El crimen perfecto. Me calcé los guantes de seda, comprobé que no tenía pulso y me sente a su ordenador. No me llevó mucho tiempo encontrar las claves de acceso al panel de control de su dominio: www.regüeldos.com. Esa maldita diéresis me había robado el primer puesto en Google hacía cosa de una semana. Cambié las DNS para que apuntaran a mi dominio y saltando como gacela por encima del cadáver salí pitando del lugar del crimen.

Hacía una semana yo era un floreciente afiliado poseedor del dominio www.regueldos.com. En esa web tenía un enlace de afiliado a una famosa farmacéutica que vendía un novedoso producto para mitigar los regüeldos, ese rebuzno humano tan popular entre chavales y chavalotes de hasta 80, pero tristemente fuera de moda y por tanto socialmente perseguido. El caso es que aquél enlace me estaba sirviendo para ganar una pasta gansa. Casa nueva, coche nuevo, en fin. Hasta que apareció el arriba mencionado con su www.regüeldos.com y me arrebató el primer puesto en Google. Su página estaba plagada de videos de Youtube con desastrosos ejemplos de la “enfermedad”, y a continuación su enlace patrocinado. Ese maldito enlace era mi ruina. Así que, tras indagar unos minutillos, descubrí su nombre y me presenté en su nueva mansión y ejecuté mi plan.

He sacado billete a las Seychelles para tomarme un merecido descanso. La web trabajará por mi.

Un último vistazo a mi cuenta de afiliado y a tostar el lomo. Extrañamente la cuenta sigue congelada en la misma cifra que esta mañana. Las impresiones también. Es raro raro. Abro Google y tecleo regüeldos. Por delante de mi página aparece una entrada que cuelga de Facebook. Hago click y allí está. Otro enlace ladrón.

Vaya, parece que esto me va a convertir en Aníbal Lecter. Mejor demoro un poco la partida a las Seychelles.

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Jan 17

Han secuestrado a Manny. Tiene sólo tres años. Se lo llevaron al salir de la pelu. Me despisté un momento y me lo arrebataron. Sólo tres años.

Me piden 1000 euros por su rescate. Yo soy pintor. Pintor artista quiero decir. Y no tengo un chavo. El plazo del rescate vence el domingo. Llamé a Cofidis y me dijeron que estudiarían mi caso. Me emplazaron a llamar siete años después, según sus palabras, cuando “hubiera madurado”. Mis amigos me llaman pero no dejan que les llame, por si les doy un sablazo. Entre todos me han comprado un teléfono móvil como esos de los niños, que sólo permiten recibir llamadas. Son buenos amigos, todo sea dicho, pero esta distancia me está matando.

En una página de Internet que consulté en un cibercafé aprovechando que un internauta se levantó a mear, encontré justo lo que necesitaba. XXIV Concurso de Pintura Rápida de la Muy Ilustrísima Villa de Pachón de la Repanocha. 50 premios que oscilan entre 3000 y 1000 euros. Fecha de celebración: sábado.

En la casa de empeños me aceptaron de mala gana la lámpara rococó de la tía Junípera. En el mostrador se podía ver una réplica perfecta de lo que un día fue mi sala de estar. La tele de plasma, la chaise longue. Una foto de Manny . conmigo, junto al mando de la Play, que nos hizo mi mujer pocos días antes de huir.

Con los treinta miserables eurillos que me dieron me fui a Hertz donde me alquilaron el coche del “aparca” a cambio de que lo devolviera limpio. El “2 caballos”, al menos iba más rápido que una persona sonámbula. Suficiente. Pachón de la Repanocha distaba pocos kilómetros de Madrid, apenas 50, así que hice noche en una gasolinera de San Fernando de Henares, utilizando como almohada algunas cáscaras de mandarina que había en el maletero del 2 cv. La noche fue cálida y dormí hasta bien entrada la mañana, cuando me despertó un rayo de sol que se coló por el círculo que el día anterior practiqué en el parabrisas con un klinex para poder ver la calzada al otro lado de los cristales aparentemente tintados del coche del “aparca”.

Llegué justo antes de que finalizara la inscripción y sellado de soportes. A duras penas aceptaron el mío como válido. El Jurado se resistió un poco. El barrillo conformado por Coca Cola y ceniza que contenía una lata que hacía las veces de cenicero salió volando durante la noche cuando al girarme en mis dulces sueños me sentí penetrado por la palanca de cambios, y fue a parar sobre el impoluto lienzo. Finalmente me aceptaron a concurso con la condición de que “TODA” la superficie “TOOODA” estuviera cubierta de óleo de punta a cabo. Eso me planteó diversas dificultades. Al termino de la jornada de trabajo, mis tubos de pintura andaban un poco escasos, así que no tuve más remedio que saltar sobre el de aguamarina con la mala fortuna de que algunos resíduos que aún le quedaban “ametrallaran” la estampa bucólica de Pachón de la Repanocha.

Afortunadamente entre el Jurado había un joven antisistema que consiguió “vender” la obra a su tío, dueño del Bar “De Kopas”, que patrocinaba el premio número 47 dotado con 1117 euros. Con mano temblorosa firmé mi obra y me gasté 67 euros en cañas del bar “De Kopas” para apagar la sed de mi nuevo amigo: el “spontex antisistema”. Cuando se quedó dormido, pagué y salí. En la puerta del bar la grúa retiraba mi dos caballos.

- Pero…

- 49,5 euros por favor. Está tapando el cartel de un patrocinador. – dijo el gendarme.

La grúa arrancó y se fue. Me quedaba medio euro para llamar al teléfono de los secuestradores, y mil para pagar el rescate. Lo sentí por el aparca. La oficina de Hertz estaba en una calle poco importante que no me sería difícil evitar en un futuro. Entré de nuevo en el bar “de Kopas” y me acerqué al teléfono público que había debajo de la televisión. Introduje mi medio euro. La línea sono tres veces y descolgaron:

- Hola, soy el dueño de Manny. Tengo lo mil euros.

- De acuerdo. Tiene que hacer lo siguiente. – y en ese momento Jacinto marcó gol para el Real Pachón en la tele del bar “de Kopas”. Cuando la gente dejó de berrear el teléfono comunicaba. “Adiós, Manny”.

Salí de nuevo a la calle. En la acera de enfrente una “llamativa” mansión refulgía con los últimos rayos del sol. Se abrió la cancela para dejar paso a un Ferrari Testarrosa que graciosamente atravesó la calle para aparcar delante del bar “de Kopas”. Un hombre descendió del automóvil.

- Tenga usted buen día señor alcalde – dijo el gendarme.

- Descanse Manolillo.

El alcalde cruzó la plaza e hizo entrega del premio al ganador del concurso.

Me pareció un buen sitio para vivir. Mi amigo antisistema creció y se convirtió en mi representante. Ahora gozo de cierto prestigio en el mundillo del arte. Me han salido juanetes de tanto saltar sobre de los tubos de óleo (expresionismo metralleta), pero me he comprado otro caniche casi clavadito a Manny. La vida me sonríe de nuevo.

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Oct 10

Después de años de dipalidar mi juventud decidí que debía devolver a la sociedad lo poco o mucho que había aprendido. Así que me acerqué a la sede de “Tarde o Temprano, Obra Social” y me apunté a uno de sus programas de choque, para “aproximar el ayer al hoy, y el hoy al ayer” y que consistía en visitas periódicas a Mariano X, un señor de pelo blanco que aparecía en una foto de carnet que me mostraron brevemente, y que me recordaba de forma vaga a alguien o a nadie.

Un día de mayo me presenté en la residencia y me condujeron al patio ajardinado. En el centro del mismo había una fuente que murmuraba plácidamente. Unos altavoces ocultos en figurillas de gnomos desgranaban una dulde melodía: ¿ Enya tal vez ?.

En la plazuela que rodeaba la fuente había un caballero de rostro sereno y pelo blanco al que la luz de la tarde parecía dotar de un aura ultraterreno. En la pequeña fuente, peces de colores nadaban a gran velocidad, excepto los que no tenían pilas.

- Hola Mariano – le dije.

Él pareció despertar de una profunda ensoñación y bostezó. Saltó un pez.

Después de varias visitas, nuestra relación pareció estancarse. Me propuse ser un poco más incisivo.

El día 6 de agosto, después de un día de trabajo extenuante, me presenté en la residencia decidido a cambiar el rumbo de nuestra relación.

- Hola Mariano- le dije. El bostezó y salto un pez. Aprovechando que hoy se había puesto unas gafas negras arriesgué.

Extendí la mano ante sus ojos e hice una serie de bises y muecas para comprobar si su ceguera era real. A lo lejos se oyeron unas risillas. Animado por ellas volví a ejecutar la misma coreografía, ya casi seguro de la causa de su mutismo.

Saltó un pez y Mariano me dió un bofetón.

Satisfecho por aquel primer contacto físico, (y visual sin duda, dada la precisión de la bofetada), me presenté a principios de otoño con ánimos renovados, y ya en su habitación, habida cuenta de que las hojas ya cubrían completamente la superficie de la fuentecilla y que ya los de intendencia se habían quedado sin presupuesto para comprar más pilas para los pececillos de colores, reanudamos nuestras hostilidades.

La estancia era espartana y punto. Había una bacinilla en la esquina opuesta a la puerta. Yo pensé que era un florero, o una pecera, pero no. Según entré y me vio, y antes de que le dijera el preceptivo “Hola Mariano”, que ya había declinado como “punto de partida”, él se levanto y orinó a medias en la bacinilla, un cuarto en la pared y el otro cuarto en las baldosas. Regresó a su cama sin sacudírsela. Hoy no llevaba gafas de sol y en cambio se puso a leer “El País”.

Extasiado por este cambio en el guión me agaché para recoger la bacinilla y llevarla al baño para vaciarla, y así envalentonado le solté:

¿ Ja, ja, de ZP eh, don Mariano ?.

Y allí agachado, casi incorporándome sentí el inhumnano dolor provocado por la puntera de acero de sus botas de cuero en mis genitales. Nunca dejará de sorprenderme la velocidad involucrada en esa escena. Cama, suelo, paso, paso, paso, paso, patada.

Ahora tengo un testículo encajado, “hombro con hombro” con la nuez de Adán. Me ha vuelto a cambiar la voz y he dejado de fumar. Camino encorvado por causa del hilo que une ambos testículos, el inferior y el superior, aunque el médico no cesa de decirme que la existencia de tal hilo conector no existe.

Es casi Navidad, y convencido de que Mariano se sentirá solo en estas fechas tan señaladas, y convencido de su arrepentimiento seguro, me acerco a la residencia con un paquete de bombones que he comprado en Mallorca y unas discretas protecciones de full-contact. Deposito los bombones al pie de su cama y me retiro. Le sonrío tímidamente.

- Hola Mariano. -

Coge un bombón y lo paladea. Coge otro y luego otro. Así hasta que se acaba la caja. Sin decir palabra. Luego se reclina sobre las almohadas y abre con un golpe seco “El mundo”. En la contraportada aparece una foto del hijo de Mariano, o de alguien que podría ser su hijo. En la foto de al lado, pegada practicamente con la otra, se ve un cuerpo sin cabeza. En letras grandes se lee: “¿ Que fue de Marianillo … El hoy y el ayer de un psico …”. En ese momento siento un dolor terrible en el ojo derecho y con el izquierdo, que conserva su curiosidad, veo cómo Mariano empuja un bastón contra mi cara, para ser más exactos contra mi ojo derecho, y una vez que choca la contera del bastón, y mi ojo derecho entre medias claro, contra la parte trasera de mi cráneo, veo que se encarama sobre la cama, y reconduce la trayectoria de su empuje hacia abajo, de tal forma que mi ojo derecho atraviesa cavidades y esponjosidades, en la oscuridad y no sin dolor, hasta ubicarse más abajo, en algún sitio en el que se hace la luz de nuevo y descubre, primero mi ojo y luego yo, que está rodeado por unos nuevos párpados, menos flexibles, y que sin agacharse siquiera se ve los pies, lo cual le vendrá de perlas en el futuro a la hora de cortase las uñas de los mismos, una vez que se acostumbre a que el hilo condutor que une los ojos tire hacia abajo y el otro hilo conductor, el de los testículos, tire hacia arriba …

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Oct 04

Hoy he formalizado la compra de un terrenito en Marte.

Me han asegurado que tendría vistas, telescopio mediante, a la Muralla China y otros grandes hitos contemporáneos o simplemente geológicos de mi patria: la tierra. Inmediatamente compré el JE-PE-ese 5.0 de Da Igual, Inc o SL dotcom ass. electrics (Beta)

El problema ahora es construir.

Puse un anuncio en diversas secciones de clasificados ofreciendo atractivas remuneraciones y Seguridad Social panplanetaria pero sólo obtuve respuesta de un tipo con querencia a prejubilado de la banca, ninguneado y alcohólico en grado 100, que taratamudeaba al asentir con la cabeza; y varios encapuchados con portátil, músculo feble y oratoria acongojante, que reclamaban no sé qué territorialidad protohistórica y prístina, allende los espacios, con gravitatoria democracia lechera “por la pradera”. Éstos del portatil eran gente aparentemente de bien, dulces como tofes, pero con un puntillo enrevesado cuando les comentaba el tema de la jurisdicción fiscal bajo la que se acojería la nueva vivienda marciana y mía. Terminaban empecinándose en un sinequeanon sobre la lengua vernácula del simpar delineado del proyecto, futuro hogar de retiro, mío, por construir, … y sobre si sería vernáculo tradicional o traicionado, así como determinadas costumbres folklóricas que deberían ser implementadas en el proyecto (.. se pusiera como se pusiera el Don Arquitecto …), para una mejor adecuación al entorno de un nuevo mundo tan lleno de futuro como arraigado en el pasado. Habría de tener lo más puntero en tecnología y lo más puñetero en lo tocante a repeler acciones punitivas hacia del enemigo. Ninguno especificó cuál era el susodicho enemigo, pero ese término parecía ponerme en el disparadero.

Me sedujeron. Les contraté. Teníamos una misión. Y el Don Arquitecto dimitió o desapareció, no sé.

(Siete años después ….)

Estamos en la nave.

Marte está lejos.

Yo envejezco y a los operarios se les gastó la pila del portátil. Uno de ellos aún conserva cierta conectividad, pero su afición a las páginas porno ha permitido la intrusión en el aparato de un virus informático de tercera generación que genera anuncios pop-up (emergentes), de tercera generación también, o quinta, ya no sé … que consiten en un brazo gigante que emerge del ordenador (pop-upea), te coge de la oreja y te obliga a comprar los más insípidos helados light, de zumo de hielo de Alaska, de la marca “Vernaquiuls”, distribuidos por todo el amplio e insondable Universo por la empresa de transportes “Ilusión, sin más S.L”.

(Doce años después …)

Me siento mohino. He mirado el proyecto inicial, revisado sobre la marcha por los operarios, ya sin portátil y más bien canosos, y parece un jeroglífico. Esto me ha hecho despertar a la brutal realidad:

No tenemos aparejador … ni vernáculo ni políglota, tan necesario ahora que las facciones de operarios disidentes (que parlan hipervernáculo) se han atrincherado tras las pilas de cajas vacías de helados “Vernaquiuls”, agitando las carcasas de sus portátiles en dirección a los reformistas (reformículoparlantes) que empuñan sus obsoletas tarjetas de crédito, cuyos filos han sido hábilmente labrados con dientes de sierra.

(8 años después …)

Me tomo mi última píldora para la tensión, pero da igual, ya casi no tengo.

Los operarios están jugando al poker en una mesa improvisada con los restos de lo que antaño fueran trincheras. Cada uno habla una lengua distinta, pero todos hablan el lenguaje de la pasta (ay… como echamos de menos a aquél banquero). Desde la última parada en el bar de alterne del satélite 7-SIN-SAKRLA, la liquidez ha menguado. La moneda ahora es el chip, que aunque oxidado todavía tiene patitas y al menos sirve para rascarse la espalda, que aparte de placentero en si, es lo más ameno que tenemos en la nave. Eso y el proyecto original que convenientemente recortado en rectángulos adheridos a las pantallas de los silentes portátiles, nos permiten creer aún en conectividad y rescate, sobre todo ahora que Marte quedó a nuestras espaldas ….

(Un par de días después…)

Hemos amartizado o algo parecido. La nave se quedó sin combustible y descendimos, o tal vez sólamente se posó con fuerza sobre un terreno duro. Puede, o no, ser Marte. Pero lo okuparemos. No estamos seguros de si el planeta es rojo por naturaleza o por los efectos de nuestro trompazo. El caso es que si nos sonamos las costras de la nariz podemos respirar. Nos cobijamos en una cabaña pergeñada con restos de nave, y embalajes de helado ensamblados con chips, la cobertura de las pantallas de plasma nos sirve de ventanas abatibles.

Afortunadamente, durante nuestras abluciones descubrimos que Pepe en realidad era Pepa. El futuro es brillante para nuestros colonos …. así que me dejo morir arrullado por los gorogoritos de un canario que se acerca volando hasta nosotros.

- Cáncer de colon – dictamina el doctor con la vista fija en la radiografía del solarium que palidece en la pantalla del portátil – … mortal de necesidad.

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Oct 04

Hay dos personas en torno a un tablero de ajedrez.

Salen blancas y mueve un peón. Enfrente tiene dos filas casi perfectas salvo porque detrás de una de las 15 reinas hay un rey.

Mueven negras y se comen el peón con una reina.

Mueve caballo blanco y come reina negra. El caballo blanco resopla.

Mueve reina negra y come peón blanco.

El alfil blanco sale y amenaza a su sombra.

Llega otra reina negra y se come al alfil. De paso amenaza a un peón y marca al caballo con un hierro 3.

Sale un péon blanco de la esquinilla de camino hacia el fotomatón.

Una reina negra le retrata y amenaza de paso al jugador de las blancas sacándose una recortada.

El jugador de las negras recrimina a la reina negra de la recortada: “No te pases mujer”. La reina se da la vuelta y le vuela el meñique de la mano derecha.

Mueven blancas. El segundo caballo blanco salta la charca y se cae encima de una reina negra. El jugador de las blancas coge al rey blanco, se lo mete en el bolsillo y sale corriendo. Justo antes de cruzar el estanque de las carpas y en mitad del puente se ve rodeado por las trece reinas negras restantes, cada una con su recortada. El rey negro, que tiene gota, recoge flores en el parterre de las malvas.

El jugador de las blancas se queda paralizado y espera:

- Dánoslo- dice una de las reinas negras.

El jugador de las blancas sabe que no tiene nada que hacer. Se arranca un arrancamoños y visto y no visto se saca al rey blanco del bolsillo, y extendiendo el brazo por encima de la barandilla del puente lo expone al abismo de las aguas. Abajo las carpas se amontonan.

Una estúpida golondrina le arrebata el rey blanco al jugador de las blancas. El jugador de las blancas muere, pero da de beber a las carpas.

- Será gilipolllas- mascullan las trece reinas negras. A continuación se cargan al rey negro y al jugador de las negras y se vuelven a subir al tablero. Un nuevo rey negro y orondo reside en su trono.

Se sientan dos jugadores alrededor del tablero de ajedrez.

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