Mac Pato Revival

Vida y Obra de un Maldito Artista

Efecto Tati

Paseando por Internet me encontré una imagen que actuó como anzuelo y pescó un recuerdo de algo visto tiempo atrás, aparentemente olvidado, pero que yació durante años como un poso en el fondo marino. Era un fotograma de una película de Tati asomado a una ventana, perteneciente, creo, a “Las vacaciones de Mr. Hulot”. Esa imagen me recordó la película “Play Time” que vi hace un montón de años en televisión y que me resultó extrañísima pero claramente inolvidable. Nunca más supe de Tati hasta el otro día.

A la visión de la imagen antedicha, le sucedió un deseo incontenible de volver a ver “Play Time”. No recordaba nada de la película, sólo el “ambiente”. Así que me la compré, y ya no pude parar, y me compré Las vacaciones de Mr. Hulot, y luego Mi Tío. Yo no soy de comprar películas la verdad, pero …

Después de verlas me pregunté si Mr. Hulot no sería el espermatozoide que dio vida a Mr. Bean, Mr. Hulot traducido al inglés. Y me pareció claro que el Guateque de Blake Edwards era una revisión a la americana de Play Time y Mi Tío, incluso el personaje encarnado por Peter Sellers, con esa aparente ingenuidad que oculta a un personaje absolutamente anarquista. O la escena del “Profesor Chiflado” de Jerry Lewis, cuando entra al despacho del rector … las huellas negras en el suelo, Jerry Lewis engullido por el sillón. O tal vez 13 rue del percebe, tal vez Ibáñez ideó sus viñetas después de ver la genial escena del edificio en que vive Mr.Hulot, en la película “Mi Tío”, o los apartamentos de Play Time … ¿ Tati traducido al español ?.

Tati parece como que pintara. Cada imagen es como un cuadro en movimiento en el que suceden varias acciones al tiempo. Todo sugerido. Suavemente surrealista. A ritmo exasperantemente lento, a veces, pero también trepidante en ocasiones. Cada fotograma parece haber sido manufacturado con precisión de relojero.

Quisiera poner mil imágenes de Tati, pero este fragmento me basta.

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La invasión de los ultrapuercos

Siempre sospeché que la amenaza de los virus informáticos era el negocio de los desarrolladores de antivirus. Ahora que he instalado un virus en mi ordenador, que porta en boca el carnet de antivirus todo se confirma. Cada vez que enciendo el ordenador me aparecen tres o cuatro mensajes amenazantes para mi seguridad.

¡ NO HE RENOVADO LA SUSCRIPCIÓN ¡. El antivirus me avisa, por lo menos una vez cada hora. NO estoy seguro. LAS AMENAZAS CRECEN y, posiblemente muera …. cancer de colonización.

Desde que instalé el antivirus en mi ordenador ultramoderno, éste se convirtió en una tortuga … ¿ SEGURA ?. Los programas se cuelgan sin motivo. Un sin fin de alarmas aparecen en pantalla desde el segundo plano para hacerte sentir en calzoncillos …. sin cesar la amenaza.

Desde que no resuscribí la licencia del antivirus el antivirus se ha vuelto más violento.

Miras el documento word en que trabajas. Tu nuevo post intersestelar toma forma cuando … ¡¡¡ PPPPPPPAAAAAAFFFFF !!!!! …

“NO HAS RENOVADO LA SUSCRIPCIÓN, te van a robar todas las tarjetas de crédito, a partir de ya mismo te vas a llamar Paca, tus hijos van a desarrollar malformaciones … fumarás y harás descargas ilegales, tu coche alcanzará los 200 por hora sin que tu voluntad intervenga y morirás en en un sótano lóbrego a la par que naïve a manos de un psicópata de libro.

TU IDENTIDAD VA A SER SUPLANTADA POR UN ULTRAPUERCO.

JAAAAAAAAAAAAAAAAAA. (con eco de ultratummmmba)

¡ Rata !. Sólo eran unos euricos chavalote, sólo te pedíamos eso.

No quisiste así que ya puedes necrosarte.

Tu ordenador es mío, Maimónides.”

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Paseando aleatoriamente al perrítico

Hace unos meses compramos un Snaucer miniatura, un bicho nervioso y afectivo en demasía, con la pretendida función de potenciar la responsabilidad de nuestros hijos por medio del cuidado del animal. Pronto se hizo evidente que, en opinión de los niños, pasear al perrítico era mucho menos atractivo que corretear por el campo virtual del Fifa 2010, y víme abocado al monótono y ansioso callejear, tres veces al día, con el chuchillo de nombre Iron (los niños lo bautizaron así … nosotros le tratamos mejor de Iron María por aquello de quitarle hierro al asunto) tirando de la correa como si al final de la manzana le esperara una Cangreburger.

Una de las cosas desagradables de andar con perros por la calle es que te ves obligado a socializar. Entras en la comunidad del “Can”, por la que se te otorga derecho y obligación de abordar o ser abordado por perfectos desconocidos y entablar conversación fluida y concisa:

- ¿ Perro o perra ?.

- Mmmm … cachorro. Nació en San Valentín.

- ¡ Ah vale ! – suspira aliviado el sparring del gran danés.

Las mascotas, ajenas al mundo “polite” de sus dueños, proceden entre tanto a olisquearse a fondo y si consideran que procede, prueban a montarse o mandarse viajes, indistintamente, mientras sus jefes-mochila inician el baile de manos y el cruce de correas para que el asunto no termine en revoltijo y gresca. Esto de pasear perros es para gente joven y con ganas de ligar. Tienes el pretexto para el primer contacto y la facilidad para llegar a cierta intimidad habida cuenta de las explícitas actitudes de los animales. Si van con correa y comienza el baile tal vez se produzca ROCE. Es mucho más barato que irse de botellón.

Uno que es autosuficiente patológico y socialmente incapacitado, hubo de proveerse de algo de protección. El iPod parecía una buena solución. Como los auriculares “internos” me hacen daño y los “externos” me parecían demasiado exagerados, me compré una cosa que venden en Curiosite, llamada iHat. Es un gorro de algodón (creo) más o menos espantoso que recoje vía FM la señal que emite tu bolsillo (donde yace tu reproductor … de mp3 enchufado al cajetín emisor) hasta los auriculares integrados en el susodicho gorro, en una suerte de bolsas escrotales que quedan a la altura de las orejas. Como quiera que el aparato es de talla única, dependiendo de tu perímetro craneal, habrás de encasquetarte el gorro hasta el fondo o portarlo como si fuera un preservativo postcoital. En mi caso requería el encasquetamiento profundo, de tal forma que el borde del gorro me quedaba a la altura del tabique nasal y me obligaba a efectuar un doblez de la parte frontal de la tela hacia arriba lo cual me dotaba de un aspecto cuando menos sospechoso, que unido al hecho de que llevaba auriculares “no visibles” para mi interlocutor, que se dirigía a mi en vano (”pobre perro, tu dueño es sordo y homeless hortera … “), me empezó a granjear cierta mala fama entre la comunidad del “Can”. De nada servía que me quitara el gorro preventivamente cada vez que se acercaba alguien. El gesto decimonónico de destocarme no hacía sino amplificar la fatal impresión. Finalmente deseché el iHat y me decidí por unos cascos bien grandes que no dieran pie a equívocos.

Ahora paseo felizmente a mi perrito. Le doy al aleatorio del iPod y voy cambiando de paisaje sin siquiera moverme de la misma manzana. Ahora Bola de Nieve, de pronto Miles Davis, al rato Tom Waits o Salif Keita y luego Martirio con Chano Domínguez, o ¿ qué tal algo de Mac Pato (quien habrá metido a este tipo en el iPod, mi madre) ?. He conseguido reducir a la mitad el número de invasiones a mi intimidad por parte de los comuneros. Algunos son reservados como yo y cuando ven mis enormes auriculares aprovechan la ocasión para mandarme una sonrisa cómplice y proseguir con su camino sin más explicaciones perríticas.

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El lío de fumar

Hace un par de semanas mi mujer me compró un aparatito para liar cigarrillos, más el tabaco, más los filtros, más los papelitos. Osea, todo un equipaje. En un principio se sucedieron diversos intentos fallidos de “crear” algo fumable. El hecho pretecnológico nunca ha sido mi fuerte, por no hablar de mis habilidades manuales, que simplemente no existen. Recuerdo aquella maqueta de un avión que una vez monté, parecía estar recubierto de una madeja de filamentos de pegamento “Imedio”. Mi avión nunca fue admitido en la estantería de honor donde mis hermanos exponían sus pulcras obras. De todas formas casi todo se aprende, y ya soy capaz de liar mis propios cigarrillos, de modo que me pasé al lío, por ver si de tal forma escapaba del lío del tabaquismo. Hacer del vicio virtud. Hacia la salud por el camino de la torpeza.

Y de momento la cosa va bien. Mi consumo ha descendido, calculo que en más del 50%.

Una de las causas principales es que he eliminado todos esos cigarrillos que sin pensarlo siquiera, sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, simplemente alargando el brazo y extrayendo el cilindrín de la cajetilla en un gesto automático que finalizaba, visto y no visto, con el mismo prendido en mis labios, sin mediar siquiera una contabilización. Cajetillas enteras han volado de esa manera, mientras estaba imbuido en la lectura de algo interesante en Internet, o jugando a la Play Station, o de cena con los amigos…Se acabó el cigarrillo automático. El cigarrillo tengo que fabricarlo, y eso implica ponerme manos a la obra, y tener ganas de hacerlo, así gozar del espacio y la ocasión. Hay montones de lugares donde no puedes ponerte a liar, así como multitud de actividades que te lo impiden: caminar, conducir … De forma que es fácil empezar a segregar ciertas activades del hábito. Para ello, por supuesto, es esencial no “prever” el consumo futuro. Un cigarrillo para el momento y se acabó. LO fabricas, lo fumas y lo apagas.

Así que, de pronto, se necesita fuerza de voluntad para fumar, y no sólo para dejar de hacerlo. Además de forma casi instintiva empiezas a contabilizar cada uno de los consumos que haces.

Otros de los aspectos importantes, y que ayudan a fumar menos, son de carácter puramente físico. Los cigarrilos son más cortos, y más delgados. También los filtros son más cortos que los de los cigarrillos convencionales, de modo que si apuras el cigarrillo te quemas los dedos. Por otra parte, “tiran” la mitad, tienes que “alimentarlos” de foma constante con tus inspiraciones, y aún así, se apagan a menudo y hay que volver a encenderlos. No puedes dejarlos abandonados en el cenicero porque se apagan. Hay veces que directamente los desechas, y los das por acabados por la mitad, sin darte cuenta incluso. En contraposición a lo que antes te ocurría, empiezas a automatizar el dejar el cigarrillo a medias, a pausar el consumo e incomodarlo. Si lo tienes en la boca apagado, finalmente el filtro se empapa de saliva y el objeto se vuelve inservible.

Y todo eso va sumando. Fumar menos te anima y empieza a resultarte menos difícil prolongar los periodos de abstinencia. Es un primer paso importante.

Mientras escribía este texto me hubiera podido fumar un par de cigarrillos convencionales, más aún hablando del tema (hablar del vicio lo estimula), pero ahora no he encontrado el momento para ponerme a liar, he preferido no perder el hilo.

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Tom Waits: Bad as Me (Deluxe Edition)


El regreso del gran Tom Waits. Hubo atisbos en “Real Gone”, pero tal vez fue demasiado temático el disco. Luego estuvo el disco triple “Orphans”, pero que para mi fue como una traición. El tercero de los discos que componía “Orphans” contenía una recopilación de temas sueltos y cameos que Waits había ido esparciendo por discos de Hal Wilner, etc. a lo largo del tiempo y que yo había atesorado y buscado por tiendas múltiples durante años. Alguno de esos discos no me interesaba en absoluto salvo por el hecho de contener un tema del emperillado. Así que para mi fue un disco “doble”. Bueno, ahora con internet todas estas cosas son mucho más simples con toda la cosa del “iTungleMule” + el allmusic.com. Luego vino “Glitter …”, el directo pero que por despecho me negué a comprar. Tantos años esperando a que Tom Waits se dignara pisar este terruño y cuando viene, me entero tarde y desde un Madrid a leguas marinas de Barcelona. Misión imposible.

“Bad as me” es perfecto. Yo creo que Waits se ha divertido de lo lindo haciéndolo. Se ha rodeado de guitarristas fantásticos, variopintos y cañeros. Viejos colaboradores casi todos. Hidalgo de los Lobos, “su” Marc Ribot, imprescindible para entender la trayectoria de Waits desde “Sworfishtrombones”, el Rolling Stone Keith Richards, y el funk-jazzero Will Bernard. La guitarra y las percusiones gobiernan el disco. Lo mejor del disco es el regreso a la variedad carácterística de “Rain Dogs”, para mi el mejor disco de este hombre. Baladas, temas que te piden bailar, cuasi rancheras, etc. y por supuesto el blues. Los temas suenan bastante crudos, poco “premeditados”, lo que da una frescura que en ciertas entregas de los últimos años se echaba en falta. Tienen un aire más de directo. En “Satisfied” hace una suerte de divertido homenaje al “Satisfaction” de los Stones. Hay temas casi ensoñadores como “Face to the Highway”. El riff de guitarra, y todo el tema, de “Hell Broke Luce” es brutal. Si pusieran temas como este en las “discos”, uno sería un noctámbulo empedernido …

El disco contiene para mi gusto los ingredientes del mejor Waits: “Heartattack and Vine”, “Swordfishtrombones”, “Rain Dogs” o “Blue Valentine”.

He comprado en el iTunes la versión Deluxe (porque yo lo valgo) que contiene tres temas adicionales, más los créditos. Por cierto el documento anexo (lo llama iTunes LP, en fin) conteniendo los créditos y letras de las canciones es una especie de interactivo de aquellos que se hacían en los albores de la multimedia, osea una especie de matraca como las que nos embelesaba por aquellos tiempos a los que veníamos de la pantalla negra y el símbolo de sistema. Ya sabéis. Encendías el ordenador y te aparecía algo tan clarificador como c:/ y el cursor parpadeante. Entonces te quedabas un momento pensativo: “Así que esto es un ordenador”. Así fue mi primer contacto con la informática. Aunque los hubo que vivieron la época en la que metían tarjetas con agujeritos para que el ordenador les devolviera aquello de “1 + 1= 2″

Como siempre que hablo de Tom Waits me tengo que acordar de Diego Manrique y aquel programa que allá por los 80 tenía en Radio 3, creo que se llamaba “Aereopuerto Internacional”, y me parece recordar que “lo echaban” a la hora de la siesta, antes de volver al cole. Un día de aquellos pinchó el “Swordfishtrombones” que me sumergió durante años en el más profundo fanatismo pro-Waits (para surcos los de mis Lps de Tom Waits, no los de los trigales), que en un verano que mis padres alquilaron casa inglesa me llevó por Notting Hill a una tienda de segunda mano alucinante (vaya tienda tron, aquello sí que era segunda mano, nada de Manolillos Escobares) donde encontré media docena de discos de Tom (en España no lo conocía ni San Dios) que ahora se encuentran por aquí a puñados y a precio de saldillo. ¡ Cómo cambian los tiempos !.

Para terminar una historia que me contó mi cuñado de un colega suyo (iluminador o decorador) que anduvo de gira con Tom Waits y que en cierta ocasión se sinceró con el artista y le espetó que su música había sido “la banda sonora de su vida”, a lo que Waits contestó “vaya, que vida tan espantosa has debido llevar”. Pero tal vez sea sólo otra leyenda urbana.

Lo dicho. El regreso del gran Tom Waits.

Mucha más info (relevante incluso) en www.tomwaits.com

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